Germinados

 

La germinación es el proceso que permite que una semilla pase de la vida latente a la vida activa, es decir, brote y comience a crecer una nueva planta. Para ello tienen lugar una serie de transformaciones que convierten a los brotes en una fuente excepcional de vitaminas, minerales, enzimas, clorofila, oligoelementos, aminoácidos, etc.

Los ejemplos más conocidos son los brotes de soja y de alfalfa, pero cualquier semilla, grano o legumbre puede germinar, pudiendo obtener así germinados de lentejas, garbanzos, soja verde, trigo, cebada, avena, sésamo, girasol, calabaza, berro, rábano, etc…

Las condiciones necesarias para la germinación son: agua, oxígeno y temperatura adecuada. Una vez que la semilla se encuentra en esta situación su metabolismo se empieza a acelerar y produce gran cantidad de enzimas y coenzimas (vitaminas y oligoelementos) que empezarán a predigerir las sustancias nutritivas contenidas en la semilla:

  • las proteínas se descomponen en aminoácidos libres
  • las grasas en ácidos grasos
  • el almidón en azúcares más simples

Estas transformaciones convierten a los germinados en alimentos mucho más fáciles de digerir, por lo que se sobrecarga mucho menos el sistema digestivo (importante sobre todo en estómagos delicados). Además, de esta manera, su gran contenido nutricional será mejor asimilado por el organismo.

Por otra parte, la germinación hace que el contenido en minerales y vitaminas se multiplique de manera espectacular. Así, por ejemplo, en la soja germinada el contenido en vitamina A y carotenos aumenta un 370%, en el trigo la vitamina C aumenta un 600% y su vitamina E se triplica después de 4 días de germinación. Además los minerales se hacen más fácilmente asimilables, como el cobre y el hierro, que son absorbidos 6 y 3 veces más, respectivamente, que bajo su forma mineral.

En la germinación también se forma la clorofila, que actúa como buen agente desintoxicante del organismo y regenerador del intestino.

Por lo tanto, a los germinados se les puede atribuir, entre otras, las siguientes propiedades:

  • favorecen los procesos de desintoxicación, depuración y eliminación de residuos almacenados en sangre y tejidos.
  • combaten la acción de los radicales libres, los cuales aumentan el riesgo de cáncer por mutación genética y contribuyen al envejecimiento prematuro.
  • facilitan y estimulan la digestión
  • tonifican el sistema nervioso
  • tienen acción reconstituyente, pudiéndose emplear en casos de fatiga, agotamiento, convalecencia,…
  • mejoran el funcionamiento intestinal y fortalecen la flora intestinal
  • refuerzan las defensas

 GERMINADOS CASEROS:

La mayoría de los germinados no se suelen encontrar en el mercado, pero se pueden preparar en casa de una manera fácil y económica: una vez tengamos las semillas, granos o legumbres (preferiblemente orgánicas) sólo necesitaremos un tarro de cristal y una gasa o bolsita para hacer leche de almendras.

Algunos ejemplos:

Germinado de alfalfa: se remojan las semillas durante 12 horas. Luego se escurren y se colocan en el tarro de cristal, esparcidas por toda su superficie y se tapa el tarro con una gasa sujeta con una goma. Se colocan en un lugar oscuro y a una temperatura aproximada de 20 grados. Se deben enjuagar dos veces al día, sin quitar la gasa para que no se escapen las semillas y volviendo luego a repartirlas por todo el tarro. Al cabo de 6 o 7 días estarán listas para comer.

Los brotes de alfalfa son los germinados por excelencia. Se les podría dar la categoría de complemento vitamínico-mineral, ya que contienen gran cantidad de todos los minerales, vitaminas y oligoelementos necesarios para mantener nuestros procesos vitales. Además, contienen los aminoácidos más importantes y una excelente relación calcio/fósforo (muy importante en osteoporosis). También aporta gran cantidad de vitamina K y de clorofila.

Germinado de fenogreco (también llamado alholva): la diferencia con el anterior es que el tiempo de remojo son 8 horas y pueden estar listas para comer en 4 días.

Este germinado contiene una sustancia, la fenogrekina, que interviene en la regulación de la secreción de insulina por el páncreas. También contiene galactomanano que ayuda a mejorar la respuesta a la glucosa en diabéticos y reduce los niveles de colesterol, por lo tanto es hipoglucemiante e hipolipemiante. Funciona como aperitivo, es decir, tomado al principio de las comidas abre el apetito. Como curiosidad, en la antigüedad las mujeres orientales, en lugar de perfumarse exteriormente, comían germinados de fenogreco para oler bien, ya que otorgan un especial olor al sudor.

Germinados de lentejas y soja verde: necesitan unas 14 horas de remojo, y están listas para tomar a los 4-6 días de germinación.

Germinados de sésamo y quinoa: necesitan unas 6 horas de remojo y su tiempo de germinación es de 1-3 días. 

Por lo general los germinados deben ser consumidos en crudo para no mermar su contenido nutricional. Lo ideal es usarlos en todas las ensaladas, aunque también se pueden añadir a otros platos como revueltos, purés, sopas, guisos, potajes, salteados, guarniciones, bocadillos, etc., siempre procurando añadirlos al final del cocinado para que estén el mínimo tiempo al fuego. Son alimentos muy tiernos, incluso los germinados de legumbres y granos, y su sabor difiere según el tipo de que se trate (desde el sabor dulce de los germinados de trigo hasta el sabor algo picante de los germinados de rábano o mostaza)

Es evidente entonces que los germinados son alimentos muy vivos y activos interiormente, y que nos proporcionan una enorme cantidad de nutrientes al tiempo que nos contagian su gran vitalidad.

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